Actualidad BOJA 📅 1/10/2026

De BlackRock a los fondos buitre: ¿qué ha cambiado en el discurso de Pedro Sánchez?

Redacción BoletínHoy

Especialistas en legislación andaluza

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De BlackRock a los fondos buitre: ¿qué ha cambiado en el discurso de Pedro Sánchez?
De recibir a BlackRock a cargar contra los fondos buitre: ¿qué ha cambiado en el discurso de Pedro Sánchez?

En julio de 2021, Pedro Sánchez viajó a Estados Unidos para convencer a los grandes inversores internacionales de las oportunidades que ofrecía España. Entre sus reuniones estuvo una con Larry Fink, presidente y consejero delegado de BlackRock, la mayor gestora de activos del mundo.

Cinco años después, el lenguaje político alrededor de los grandes fondos de inversión ha cambiado radicalmente.

Ahora el Gobierno habla abiertamente de especulación inmobiliaria, de fondos buitre, de proteger la vivienda frente a grandes operadores y de impedir que determinadas entidades compren inmuebles muy por debajo de su valor para después maximizar su rentabilidad.

La pregunta resulta inevitable:

¿Qué ha cambiado entre 2021 y 2026: los grandes fondos de inversión o el discurso político alrededor de ellos?

2021: España buscaba atraer a BlackRock

El 21 de julio de 2021, Pedro Sánchez se encontraba en Nueva York dentro de una gira económica por Estados Unidos.

El objetivo declarado por el propio Gobierno era presentar el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia y explicar a los grandes inversores internacionales las oportunidades que ofrecía España después de la pandemia.

La Moncloa hablaba entonces de una enorme oportunidad para la inversión privada.

Y uno de los encuentros destacados de aquella jornada fue precisamente con Larry Fink, cofundador, presidente y CEO de BlackRock.

La nota oficial del Gobierno describía a BlackRock como la mayor gestora de activos del mundo y destacaba además su compromiso con los criterios de inversión sostenible.

El mensaje político era bastante claro:

España quería inversión internacional y quería que gigantes financieros como BlackRock vieran el país como un destino atractivo para su capital.

Fuente: Presidencia del Gobierno, 21 de julio de 2021.

BlackRock no era entonces presentado como una amenaza

La fotografía política de 2021 resulta especialmente interesante vista desde 2026.

BlackRock no aparecía en el discurso oficial como un problema para la economía española.

Todo lo contrario.

El Gobierno se reunía con su máximo responsable dentro de una gira específicamente diseñada para captar inversión.

España necesitaba capital privado para acelerar la recuperación económica, impulsar la transformación energética y digital y complementar los fondos europeos.

La presencia de BlackRock se interpretaba entonces como una oportunidad para atraer capital internacional.

2026: el discurso es muy diferente

Cinco años después, la vivienda se ha convertido en uno de los principales problemas políticos y sociales del país.

Y con ella ha aparecido un enemigo recurrente en el discurso político: los llamados fondos buitre.

Pedro Sánchez ha criticado públicamente durante 2026 las políticas que permitieron que patrimonio público terminase en manos de este tipo de operadores.

Durante un acto de vivienda celebrado el 7 de septiembre, el presidente afirmó que durante décadas se permitió que patrimonio público terminara en fondos que anteponían la especulación a la función social de la vivienda.

El Gobierno sostiene ahora que determinadas viviendas públicas deben quedar protegidas permanentemente para evitar que puedan convertirse en una oportunidad de negocio privado.

Fuente: Presidencia del Gobierno, 7 de septiembre de 2026.

Y el nuevo decreto va todavía más lejos

El cambio no se encuentra únicamente en las palabras.

El Real Decreto-ley 26/2026, aprobado el 29 de septiembre, incorpora medidas específicas contra determinadas prácticas consideradas especulativas en el mercado inmobiliario.

Hasta el 31 de diciembre de 2028, las entidades cuyo objeto incluya la adquisición de inmuebles tendrán limitada la compra de determinadas viviendas cuando el precio sea inferior al 70% de su valor de tasación de mercado, con las excepciones previstas en la propia norma.

Además, el decreto establece mecanismos especiales de suspensión de desahucios cuando la vivienda pertenece a entidades dedicadas a comprar inmuebles o carteras hipotecarias impagadas muy por debajo de su valor y posteriormente maximizar su rentabilidad.

El propio texto utiliza expresamente el concepto de “fondo buitre” en su explicación de las medidas.

Fuente: BOE, Real Decreto-ley 26/2026, de 29 de septiembre.

Pero hay algo importante: BlackRock y Blackstone no son lo mismo

Aquí conviene hacer una aclaración fundamental.

BlackRock y Blackstone son compañías diferentes.

Sus nombres se confunden continuamente en redes sociales y en algunos debates políticos, pero no son la misma empresa.

BlackRock es fundamentalmente una gigantesca gestora de activos que administra dinero de fondos de pensiones, bancos, inversores institucionales y particulares mediante fondos, ETF y otras estrategias.

Blackstone, por su parte, ha tenido históricamente una actividad mucho más directa en operaciones inmobiliarias y de capital privado.

Por tanto, no sería correcto afirmar que cuando Pedro Sánchez habla de fondos buitre está hablando necesariamente de BlackRock.

Y tampoco existe hasta ahora una declaración pública del presidente en 2026 calificando específicamente a BlackRock como fondo buitre.

Entonces, ¿por qué resulta interesante recordar la reunión de 2021?

Porque permite observar cómo ha cambiado el marco político alrededor de los grandes inversores internacionales.

En 2021 el mensaje dominante era:

España necesita inversión privada internacional para crecer y transformarse.

En 2026 el mensaje que ocupa buena parte del debate sobre vivienda es:

el Estado debe proteger la vivienda de determinadas dinámicas especulativas protagonizadas por grandes operadores financieros.

Ambas ideas no son necesariamente incompatibles.

Un Gobierno puede querer atraer inversión para empresas, infraestructuras, energía o tecnología y, al mismo tiempo, restringir determinadas prácticas en el mercado residencial.

Pero políticamente el contraste resulta evidente.

BlackRock, lejos de abandonar España

Lo más llamativo es que BlackRock no parece haberse alejado precisamente de España.

En julio de 2026, Cinco Días informó de que la gestora mantenía aproximadamente 105.000 millones de euros invertidos en acciones, bonos y activos inmobiliarios españoles.

La propia firma llegó a señalar este año al mercado español como una de sus apuestas preferentes.

Es decir:

mientras el discurso político contra determinados grandes operadores financieros se endurece, uno de los mayores gestores de capital del mundo continúa aumentando su interés por España.

Fuente: Cinco Días, 7 de julio de 2026.

¿Era bueno el capital internacional en 2021 y malo en 2026?

Plantearlo de esa manera sería demasiado simple.

El verdadero debate está en distinguir entre inversión productiva y determinadas operaciones consideradas especulativas.

No es lo mismo invertir miles de millones en acciones de empresas españolas, deuda pública, infraestructuras o proyectos energéticos que comprar viviendas con grandes descuentos para obtener posteriormente la máxima rentabilidad posible.

Precisamente ahí intenta situar el Gobierno actual la línea divisoria.

Pero esa explicación también abre otra pregunta.

¿Dónde termina la inversión que un Gobierno quiere atraer y dónde comienza la especulación que posteriormente quiere limitar?

El Gobierno sigue necesitando dinero privado

Existe además una aparente paradoja.

El mismo Real Decreto-ley que incorpora restricciones frente a operaciones inmobiliarias especulativas también contempla mecanismos para atraer inversión privada hacia proyectos de vivienda con impacto social positivo.

Es decir, el Gobierno no está rechazando la inversión privada.

Está intentando decidir qué inversión quiere incentivar y qué operaciones desea restringir.

Eso diferencia considerablemente el debate de una simple guerra entre Pedro Sánchez y los grandes fondos internacionales.

Pero el cambio de lenguaje existe

Lo que resulta indiscutible es que el tono político ha cambiado.

En 2021, BlackRock aparecía en una nota oficial de La Moncloa vinculada a oportunidades de inversión, crecimiento, recuperación económica y sostenibilidad.

En 2026, los grandes operadores financieros ligados al mercado inmobiliario aparecen continuamente vinculados en el debate político a palabras como especulación, fondo buitre, desahucio o protección de la vivienda.

Y cuando el lenguaje político cambia tanto en apenas cinco años es legítimo preguntarse por qué.

¿Qué ha cambiado realmente?

Existen varias explicaciones posibles.

La primera es evidente: la crisis de vivienda es mucho más intensa políticamente en 2026.

El aumento de precios, el alquiler, los problemas de acceso de los jóvenes y los desahucios han colocado la vivienda en el centro del debate nacional.

La segunda es que una gestora global puede desarrollar cientos de actividades diferentes.

El hecho de que el Gobierno critique determinadas operaciones inmobiliarias no significa necesariamente que rechace toda inversión procedente de fondos internacionales.

La tercera es política.

El Gobierno necesita responder a una creciente presión social relacionada con la vivienda y ha endurecido considerablemente su lenguaje contra determinados actores del mercado.

De Larry Fink a los “fondos buitre”

Por eso quizá la fotografía más interesante no sea afirmar que Pedro Sánchez consideraba bueno a BlackRock en 2021 y malo en 2026.

Eso sería reducir demasiado una cuestión mucho más compleja.

La fotografía realmente interesante es esta:

en 2021 el presidente del Gobierno viajaba a Estados Unidos para convencer a los mayores gestores de capital del planeta de que invirtieran en España.

En 2026 su Gobierno aprueba legislación específica para frenar determinadas operaciones de grandes entidades financieras en el mercado residencial.

Y ambas cosas han ocurrido bajo la presidencia de Pedro Sánchez.

La pregunta para el lector

Entonces, ¿estamos ante una contradicción?

¿Simplemente ha cambiado la situación económica?

¿Existe una diferencia lógica entre atraer capital internacional y permitir operaciones especulativas con vivienda?

¿Se ha endurecido el discurso porque la crisis inmobiliaria se ha convertido en un problema electoral?

¿O estamos viendo cómo determinados actores financieros pasan de ser presentados como necesarios para la recuperación a convertirse en protagonistas incómodos cuando cambia el clima político?

Hay algo que los datos sí permiten afirmar:

BlackRock sigue teniendo una enorme presencia en España.

El Gobierno sigue queriendo inversión privada.

Y, al mismo tiempo, Pedro Sánchez ha endurecido notablemente su discurso contra los fondos que considera vinculados a prácticas especulativas en vivienda.

Quizá por eso la pregunta más interesante no sea si BlackRock era bueno en 2021 y malo en 2026.

La pregunta es:

¿qué tipo de inversión quiere España, qué tipo de inversión quiere limitar y por qué ese límite parece haberse convertido ahora en una prioridad política?

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